miércoles, 23 de junio de 2010

Comentarios desde la madre patria

Buenos días

No nos han presentado, pero su sobrino Roberth Eduardo me regaló su libro y me pidió que le enviara un comentario con mi opinión. Ante todo, quiero dejar completamente claro que yo mismo soy incapaz de escribir un párrafo literario y admiro mucho su trabajo; tan sólo quiero analizarlo buscando posibles recomendaciones para que su labor sea aún mejor en el futuro. Empezando por los temas mecanográficos, que son los de menor importancia, hay alguna que otra coma que sobra o falta pero que no altera la comprensibilidad del texto. Sin embargo, en la página 57, en el cuarto párrafo falla algo: "El pueblo celebró alborozado con cantos, gritos [aquí falta una coma] risas y expresiones de acción de gracias, hasta cuando, y a una señal del soberano se detuvo permaneciendo unánime y silencioso de pie con brazos estirados hacia arriba y las miradas dirigidas hacia el arco multicolor permaneciendo así hasta que los colores desaparecieron del cielo." Se nota que sobra el "hasta cuando" o que falta continuar la frase; aunque no afecta mucho la lectura, puede romper el hilo conductor y me parece que de estos pequeños errores es el que sería más interesante corregir.

En segundo lugar, me hago cargo de que la extensión es una limitación muy importante. Desconozco el motivo por el que se eligió el relato breve, pero tal vez alargarlo sería interesante porque se podría introducir la historia de forma menos precipitada, se podría introducir algunas de las notas al pie de página como un párrafo nuevo dentro del relato principal (por ejemplo, la nota 27 dice que por "emparamó" se entiende "congeló" y sería fácil introducir una explicación de cómo los guerreros atrapados a la intemperie van enfriándose hasta quedar "emparamados"). El aumentar la extensión ayudaría, sobretodo, a mejorar el pacto ficcional: desde que vemos la portada sabemos que se nos va a presentar a los indígenas como los buenos de la historia, una maravillosa cultura perdida por el ansia de riqueza de unos bárbaros avanzados tecnológicamente. Sin embargo, ampliar fragmentos como el final del capítulo 1, donde los indígenas dejan marchar a su prisionero, o el final del relato donde se presenta al sacerdote como "el único que escucha a los indígenas" ayudaría a romper ese planteamiento demasiado simplista y enriquecería el valor histórico de la obra. En mi opinión, sería especialmente interesante extender o añadir cuatro puntos:

- Se pasa muy por encima sobre las relaciones hombre-mujer de los indígenas. Todas las culturas del mundo en aquél momento eran machistas y violentas; aunque hoy en día sean políticamente incorrectos esos modos de vida, explicarlos ayudaría a humanizar a los aborígenes sudamericanos.

- Se cuenta que los españoles llevaron enfermedades, pero no se menciona que también las sufrieron. Cuando se conocen dos organismos que se han desarrollado aislados, ninguno de los dos tiene un sistema inmune preparado -y la medicina española de la época no era una ventaja sino todo lo contrario. Esto ayudaría a ver los españoles no sólo como un arquetipo de invasor colonizador sino también como seres humanos que sufrieron.

-No se habla apenas de los mestizos. Y sin embargo, siempre que se habla de las "matanzas españolas", la colonización que exterminó tan ricas culturas, etc., se olvida que el papel fundamental fue el de los mestizos. Los españoles mandaban hombres y armas en barcos, pero ninguna mujer. Es cierto que las primeras aldeas las arrasaban españoles, pero enseguida, ya fuera mediante violaciones, engaños o "amor" de algún tipo, empezaban  a gestar mestizos que serían los encargados de gobernar las aldeas sometidas, esclavizarían a la población y, en resumen, cometerían todas las atrocidades de las que se acusa a los españoles. Es cierto que eran sus hijos, sí, pero los españoles de hoy en día no tenemos nada en común con esos mestizos mientras que los habitantes de Sudamérica son sus descendientes. El daño no lo hicieron los antepasados de los que hoy en día viven en Europa sino que lo hicieron los antepasados de los que hoy en día viven en Sudamérica. 
Este punto ayudaría a que todos nos planteáramos hasta qué punto hemos de sentirnos responsables por lo que hicieron nuestros antepasados varios siglos antes de nuestra existencia; tal vez el pasado sea una escala de grises y no un blanco o negro. Nadie va a discutir que lo que pasó al descubrir el "nuevo mundo" fue horrible, pero tal vez no fue como lo narran los cuentos.

-Los sacerdotes tuvieron un papel fundamental para los dos bandos. Apenas cincuenta años después del descubrimiento por parte de Colón, había debates muy relevantes políticamente entre quienes defendían que los indígenas no eran humanos (con lo cual esclavizarlos no sería tan grave, nadie veía nada malo en utilizar animales de carga) como Fray Francisco de Vitoria y quienes defendían que los indígenas eran humanos y debían ser tratados como dueños de sus tierras (la propuesta sería, pues, una relación comercial-evangelizadora) como Fray Bartolomé de las Casas. Me limito a citar estos dos nombres porque son fácilmente accesibles y son dos de los mayores exponentes de ambas corrientes. Con este punto se introduciría un aspecto muy importante sobre la colonización: el hombre malvado que empuñaba el arma sólo era un mandado. Obedecía las ordenes de su rey porque era la única forma de escapar a una condena a muerte o de no morir de hambre. Y a su vez, ese rey daba las órdenes en función de lo que le decían sus asesores, que eran la voz resumida de los sacerdotes. Puede que algunos se quedaran maravillados escuchando relatos indígenas, pero muchos otros fueron los que impulsaron la invasión y las matanzas en nombre de su dios -lo cual los convierte en los responsables últimos.

Dejando ya lo que serían recomendaciones para una futura nueva edición, he de decir que el libro tal cual lo he tenido en mis manos es "correcto". Es decir, no hay nada que suene increíble o que sea problemático, pero tal vez por eso mismo aporta muy poco nuevo. Es un cuento bonito y bueno, pero no puedo considerarlo una novela corta porque queda demasiado "infantil"; los buenos son buenos, los malos son malos y el héroe prefiere morir a su manera antes que perder su identidad. Es una historia que se ha contado demasiadas veces y el mero hecho de introducir términos dialécticos no es suficiente como para darle valor literario (sí que tiene un gran valor antropológico, pero son dos temas separados). De cara a un público muy concreto puedo ser una obra interesante, pero de cara al público general "le falta algo".

Por tanto, si su intención es únicamente la de realizar un homenaje a sus antepasados, me parece que la ha cumplido más que satisfactoriamente. Pero si su intención es hacer un homenaje a sus antepasados que pueda llevar a la mayor cantidad posible de lectores a interesarse por conocerlos, tal vez habría que buscar algún cambio en el planteamiento.


Un cordial saludo,

Carlos Beltrán

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